La simplicidad de un diseño es algo tan complejo que pocos son los creadores que consiguen alcanzar el cenit con una de sus piezas. El plisado de Issey Miyake, el traje de chaqueta de Giorgio Armani, los bolsos de Victoria Beckham o Marni… La creación de una simple línea representada en bellas artes o el patronaje sencillo en moda, muestran las características repetitivas de este movimiento, también presente en arquitectura, diseño de interiores, aeronáutica, arte… Todo es minimalismo. Más allá de la forma, el uso del color es la clave para transmitir el significado de esta tendencia.
Las líneas gráficas en negro y blanco son el estandarte del minimalismo más puro. Gracias a este binomio cromático –que cede protagonismo a la silueta– la formulación de la prenda brilla más que nunca. Los detalles de confección, el patrón, la artesanía tras cada tejido… Un verdadero ‘must have’ que hace del minimalismo el nuevo lujo contemporáneo.
Otra forma de expresar esta corriente es a través del color. Calder o Miró son algunos de los artistas que han demostrado que a través de los colores primarios –azul, rojo o amarillo– que el estado sólido de una tonalidad puede ser exquisito y minimalista. Así que, ¿por qué no trasladarlos a la moda?
Las mezclas de prendas en diferentes tejidos dan como resultado estilismos fabulosos. Desde las sedas, que se conjugan a la perfección con los vestidos estructurados en cuero; al traje de chaqueta cruzado, que con su patronaje atemporal, hace las delicias de las amantes del estilo masculino. O las faldas plisadas en colores llamativos. Su vuelo, gracias al satén y la seda, y sus plisados son las propuesta perfecta para dejar al minimalismo –y a la imaginación– volar hacia un nuevo estilo.
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